abril 08, 2008

La caja de Pandora

La curiosidad lleva a encontrar el último recurso.

Un día, el rey del Olimpo llamó a Hefestos (Vulcano) y le dijo:
- Hijo mío, quiero de ti un trabajo que debe ser tu obra maestra. Tienes que fabricarme una mujer bellísima, semejante a las diosas inmortales.
El divino herrero quedó suspenso. ¿Cómo haría para contentar a su padre? Durante toda su vida, había hecho joyas para los dioses, escudos, armaduras; pero jamás había pensado en una obra como la que Zeus le pedía. Sin embargo, como no podía desobedecer sus órdenes, inclinó la cabeza en señal de conformidad y volvió a su fragua. Allí hizo una figura de mujer, le dió un rostro magnífico, que adornó con espléndida cabellera rubia, y le puso como alma una chispa del fuego divino.
Al salir de sus manos, la mujer se movió, habló y sonrió con gracia. Todas las diosas y todos los dioses acudieron a verla y admirarla, y cada uno de ellos quiso hacerle un obsequio:
Minerva (Atenea) le dió un cinturón de perlas y una túnica púrpura; Venus (Afrodita) la dotó de todas las gracias femeninas; las Horas la adornaron con sartas de flores; las Gracias pusieron en su flexible cuello y en los bellos brazos joyas preciosas, y así todos los demás. El último en obsequiarla fue Hermes, que le inspiró los discursos seductores y el arte del engaño, y la llamó Pandora.
Entonces, Zeus le puso entre las manos una caja finamente cincelada y le dijo:
- Te confío esta preciosa caja, pero te ruego que no la abras. Contiene todos los males de los hombres, y si consiguieran escaparse de ahí dentro, sería un desastre para la humanidad.
La mujer prometió que no abriría la caja, agradeció a todos sus preciosos regalos, y después montó en un carro de oro y bajó a la Tierra, donde el Hado había decretado que fuese esposa de un rey, del imprevisor Epimeteo, hermano de Prometeo.
El tiempo pasaba y Pandora estaba cada vez más inquieta. Miraba como fascinada la caja y sentía un gran deseo de abrirla para ver lo que contenía.
-No creo- se decía - que encierre males para los hombres, como me dijo Zeus. Seguramente contiene algo bello, algún mágico poder, y tal vez al abrirla, podré convertirme en omnipotente.
Suspiraba, suspiraba, y no podía ni dormir, atormentada por una atroz curiosidad. Por fin, un día, ya no pudo resistir más.
- La abriré un instante nada más, echaré una ojeada al interior, y en seguida la volveré a cerrar. Zeus ni siquiera se dará cuenta de ello -pensó; y abrió la caja.
¡Nunca lo hubiera hecho! de ella se escaparon vapores humeantes y obscuros que se esparcieron por el mundo y hasta nublaron el Sol. La joven, desesperada, trataba de cerrar la caja magica, pero no lo conseguia; y mientras tanto, los males, los vicios, los sufrimientos se esparcieron por el mundo. Cuando el humo se disipó, Pandora dirigio una tímida mirada a la caja: en el fondo, reposaba todavía un pajarito azul y verde que se elevó trinando. Era la esperanza, el único bien que Zeus concedía a los hombres entre tantas desdichas".

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La delegación de responsabilidades, poder y culpa y las tentaciones hacen a Zeus y el Dios católico parecidos.

APD dijo...

Creo que luis cree que su comentario está muy chido, yo digo que el penta me la pelafustan!!!! y que se vaya a confesar jajaja bueno eso no...

El chiwas que camina