abril 06, 2008

Las ironías, o el patético regreso de la confirmación

A toda acción corresponde una reacción. O sea, pagamos con la misma moneda. Sin embargo, hay un selecto grupo de circunstancias que deben dejarse morir en paz (Si morir es dormir, la noche de la muerte en paz quiero que llegue a mi). Los regresos inesperados resultan poco dignos y humillantes y decepcionantes y absolutamente opacos si el principio fue mal construido. No es difícil de entender. Podría ser cierto que todo son ciclos. Aplausos por la elegancia, la bella retórica y la inconfundible sensatez de la ironía. Algo así como un Rosarino en Budapest. (Ves qué grande soy ahora? Tengo mi única arma.)

Te diré que hay otra música en el aire
Cuando yo me vaya de aquí.
Te daré un beso y un rayo de luna.
Cuando yo me vaya de aquí me iré por todas partes
transformándome
pato, cama, negro, blanco, púa, corset
o un pobre indio de Colonia.
Cuando yo me vaya de aquí me iré por todas partes
transformándome
taza, pico, sexo, moño, caño, delay
o un Rosarino en Budapest.

Quiero música y trajes de cualquier color
Cuando yo me vaya de aquí.
Quiero un sol, un dígito que marque 3, una revolución.
Cuando yo me vaya de aquí me iré como cantando,
acercándome
cortaré una lágrima con una gillette
y serán otras mis señales.
Cuando yo me vaya de aquí tendré dos elefantes
y no los veré
creo que hay motivos como para correr
correr implica apresurarse.
Por eso entonces, ahora
cantaré, cantaré,
quiero una fiesta en mi alma
cantaré,cantaré,
hasta que no quede nada
cantaré, cantaré,
entre muñecas y latas
cantaré,cantaré,
perro que canta no ladra
Ladraré, ladraré,
hasta que agote la rabia
Cantaré, cantaré,
esa es mi única arma.
-FP-

No hay comentarios: