Hay veces en que uno sale triunfante y hasta glamoroso de la batalla [Victorius est]; otras en que a duras penas la libra, quizás sin mucho esfuerzo, pero eso sí, sin la gloria de la contundencia. Y también existen aquellos capítulos en donde, aunque uno se muera en la línea y sude la última caloría y se haga hasta lo inimaginable, lo impensable y lo inesperado, se va con las manos vacías, y en el mejor de los casos, con una dura lección de corazón y de vida. [Sí, hay veces que aunque te pongas, no te toca]. Y ni modo. Aunque duela, hay que aprender a no quejarse. A veces uno quisiera entender todas las palabras y los hechos, y sentir y comprender hasta el último suspiro, pero no siempre se tiene esa oportunidad. Pero sobre todo, y lo más importante y trascendente y virtuoso y maduro (y demás adjetivos coloridos que al que mandaron a la lona suele recurrir), hay que saber reírse y burlarse de uno mismo. A veces con una sonrisa pispireta basta, y siempre el humor sincero de quien sabe que no es la última batalla suele trascender y hacer que vuelva y renazca esa chispa, ese pequeño resquicio de luz que comienza la vida de nuevo.
[Queriendo escucharlo y no decirlo]
OK Perdón
Yo no quise lastimarte, solamente te dije que no.
No estarás acostumbrada a sentirte rechazada,
OK perdón, fue sin querer.
Yo no quise caminarte, y llego el momento de correr.
Hay que salvar el alma, pero con calma vas a poder.
Donde lloran las gaviotas vamos juntos a llorar.
No te preocupes, no se te nota que no sabes encajar. [En verdad no!]
Supongo que dolió un poco si fue la primera vez,
pero hay que ser fuerte contra la corriente también.
Cuántas veces me dijeron que no, a mi, y sobreviví.
Dame la mano y vení, que te enseño a perder.
¿Por qué? ¿por qué, te pusiste así?,
la próxima vez te digo que sí.
Igual somos amigos, porque para enemigos
hay un montón de gente.
-AC-
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