Algo peor que una fiesta mala es una fiesta que no existió. O al menos eso nos hicieron pensar. Todo el alboroto por el disque magno evento nada más no pasó. Vestidos, alborotados, disfrazados, con actitud y hasta con foráneos (sí, la integrante sureña del equipo debe traer pasaporte y visa para llegar a Sate). Llamadas y llamadas y llamadas y largas y largas y largas. Y al final, silencio. Y nada más. Ni que fuéramos auditores, cobradores, golpeadores o vendedores de aspiradoras. Sólo queríamos celebrar. Al parecer no fuimos requeridos. "It's my party and I cry if I want to, cry if want to, cry if I want to". Sabia filosofía setentera. Chale.
agosto 02, 2009
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