agosto 16, 2009

La belleza

En un mundo tan complicado como éste, heterogéneo y en discordia, con un sistema tan complejo y disparejo (¡¿qué sistema?!), en una realidad tan ausente e impersonal, no hay tiempo ya para detenerse y buscar la belleza.
Tanta gente, tantas quejas, tanta hambre, tanta tecnología, tanto enojo, tanto sexo. Mucho tráfico, muchos planes, mucho ruido, mucho stress, mucha tristeza, mucha pobreza. Tan poco espacio, tan pocas utilidades, tan pocos amigos, tan poca justicia, tan pocos besos, tan pocas sonrisas, tan poco amor. Y así uno se sigue preguntando dónde está la belleza. Sí, la belleza. Ésa que nunca se debe extinguir.

Enemigo de la guerra y su reverso, la medalla,
no propuse otra batalla que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria el poder de la razón.
Y ahora que ya no hay trincheras el combate es la escalera
y el que trepe a lo más alto pondrá a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto la belleza.
Miralos como reptiles, al acecho de la presa,
negociando en cada mesa ideologías de ocasión;
siguen todos los railes que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre su parasita ambición.
Antes iban de profetas y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes, más que náusea dan tristeza,
no rozaron ni un instante la belleza.
Y me hablaron de futuros fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario acabaría en el pilón.
Y ahora que no quedan muros ya no somos tan iguales
tanto vendes, tanto vales ¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada la belleza.

-LEA-

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