octubre 04, 2009

De María para Juan Pablo

Dicen que la distancia es el olvido. Pero qué pasa cuando todo ese pasado, cuando toda esa vida y esa historia se niega a esfumarse y perderse en el viento y uno la usa, de manera práctica, en la construcción de su destino. Cuando uno escribe y vive el capítulo no creería que éste empapará de lágrimas una o muchas tardes, y que dejará sin energía y sin vida a un anhelo. Las figuras se niegan a desaparecer, los olores se quedan para (des)encantar y los sonidos son la melodía de la incertidumbre.

Después de pensarlo (y sentirlo), es posible que Ernesto Schwartz no esté tan equivocado, y todas sean el amor de tu vida, hasta que te demuestren lo contrario. (Y no al revés, buscando que en la oscuridad haya un destello que alumbre el vacío y se distingan ahora las sombras, como fieles testigos de la creación). Puede ser que sí te mire y que sólo así pueda (o sepa) pedir ayuda.

Carta de María Iribarne a Juan Pablo Castel

"He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes, también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, se que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza. El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar. ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo? Pero ahora tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. Estás quieto y un poco desconsolado, me miras como pidiendo ayuda."

-El Túnel, ES-