diciembre 13, 2009

La dolencia decembrina (y su remedio)

Interesante perfil. Veamos:
Signos: pulso normal (65 lpm), presión normal (120/80), respiración constante, consciencia  y lucidez, pero confusión y tristeza.
Síntomas: vacío en el estómago, alteraciones endocrinológicas inexplicables (muy parecidas a las provocadas por la ingesta masiva de chocolates envinados, helado de chocochip y scotch in the rocks), estado de [contínua] dispersión mental, pero sin alteración de la realidad (es decir, sin alucinaciones ni otro tipo de trastornos o disfunción de la percepción), mirada perdida (pero con asombrosa capacidad descriptiva), humor neutro (ni de aquí, ni de allá; o más bien, juego de suma cero, tal que la inestabilidad emocional, íntimamente ligada al factor hormonal, y con la mitad del efecto de la voluntad y la razón, va de un lado al otro del espectro).
Análisis del aura: color desesperanza, con unos interesantes puntos negros de enojo y fastidio, y unos vacíos de incredulidad; indicios de supernova inminente y de regreso a la vida.
Resultados del análisis de sangre: StaMayococus oscurantis surgido por contagio (al parecer es una pandemia que surgió, como por generación espontánea, en un laboratorio y en unas condiciones un tanto retorcidas por la obsesión), cuya vía de transmisión aún no se ha definido.
Historia clínica: convicción total de cariño, comprensión, responsabilidad compartida, autoría de las más increíbles historias jamás contadas o soñadas por algún mortal, y risas, paz y alegría sin parar, súbitamente frenada y devuelta al orígen (cualquiera que éste sea y  por una combinación de otros factores aún no comprendidos, aún no identificados). Los indicios (que son más bien señales del más allá) apuntan al miedo, a la crítica y a la indiferencia.
Attachments: "suficiente tiempo, suficiente plática, suficientes silencios, suficiente convivencia, suficiente intromisión".
Epílogo: pocos tiempo, pocos besos, nula retroalimentación.
Diagnóstico: corazón roto; sin embargo, implica un regreso de las emociones, de la virtud, de la vida, de la fuerza.
Remedio: distancia total de la causa de la dolencia [el omnibus se ha ido, el amor se ha vencido, quise quedarme pero me fui]; volver a empezar.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Esa es la profundidad del mar en el que te sumerges,azul marino casi negro, como el fondo de un pomo, de esos vinos que por viejos no son más ricos sino caros, y verdes casi negros. Como el "Pomis" que conozco obscuro y no por eso maldito, sino erudito, sabio y casi negro como la noche pero donde la luz se ve más...

Ya hace falta platicar mi querido amigo, nos hablamos....
Saludos...

Anónimo dijo...

PET PEEVES