octubre 11, 2009

El Paisaje Ciclópeo

¿Es posible imaginar un paisaje ciclópeo? ¿existen las palabras para poder describir las ciudades y parajes de los antiguos o inmortales? Aterrador, infinito, monstruoso, vasto, irreal, majestuoso, indescifrable, no Euclideano, antiguo, oscuro, nublado, lamoso, vacío. Los sueños le han mostrado al Cardenal lugares así en varias ocasiones en estas pasadas semanas, cada vez de manera diferente, pero con todos estos adjetivos como común denominador.

Borges y Lovecraft intentaron imaginarlo.

"He dicho que la Ciudad estaba fundada sobre una meseta de piedra. Esta meseta comparable a un acantilado no era menos ardua que sus muros. En vano fatigué mis pasos: el negro basamento no descubría la menor irregularidad, los muros invariables no parecían consentir una sola puerta. (...) Fui divisando capiteles y astrálagos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas del granito y del mármol. (...) Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros,en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo saber ya si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas." [El Inmortal, 1949]

"(...) Johansen y sus hombres, impulsados por la curiosidad, prosiguen viaje hasta avistar una alta columna de piedra que emerge del océano, y a los 49°9' de latitud oeste, y 126°43' de longitud sur, se encuentran ante una costa barrosa, y una albañilería ciclópea cubierta de algas que no puede ser sino la sustancia tangible del terror supremo del universo: la ciudad muerta de R'lyeh, construida hace millones de años, antes de los comienzos de nuestra historia, por las enormes y espantosas criaturas que descendieron desde unos astros desconocidos. Allí yacen el gran Cthulhu y sus compañeros, ocultos en unas bóvedas verdes y húmedas (...) Creo que emergió de las aguas sólo la cima de la ciudadela, coronada por un enorme monolito, donde yace el gran Cthulhu. Cuando imagino el tamaño de todo lo que puede esconder el fondo del océano, siento deseos de morir sin esperar ya más. Johansen y sus hombres se sintieron aterrados ante la majestad cósmica de esta húmeda Babilonia habitada por demonios, y debieron sospechar, instintivamente, que no pertenecía ni a éste ni a ningún otro planeta similar. En todas las líneas de la estremecida descripción de Johansen se advierte el mismo pavor; ante el tamaño indescriptible de los bloques de piedra verde, ante la altura vertiginosa del monolito labrado, (...) Sin conocer el futurismo, Johansen describe, al hablar de la ciudad, algo muy parecido a una obra futurista. En vez de referirse a una estructura definida, algún edificio, se reduce a hablar de vastos ángulos y superficies pétreas... superficies demasiado grandes para ser de este mundo, y cubiertas por jeroglíficos e imágenes horribles. Menciono estos ángulos pues me recuerdan los sueños que me relató Wilcox. El joven escultor afirmó que la geometría de la ciudad de sus sueños era anormal, no euclidiana, y que sugería esferas y dimensiones distintas de las nuestras. Ahora un marino ilustrado tenía ante la terrible realidad la misma impresión. Johansen y sus hombres desembarcaron en la playa de esta monstruosa acrópolis y se treparon, resbalando, por los titánicos y musgosos escalones que ningún ser humano hubiera podido edificar. El sol mismo parecía deformado cuando se lo miraba a través de las miasmas polarizadas que emanaban de esta perversión submarina; una amenaza tortuosa acechaba en esos ángulos desconcertantes donde una segunda mirada descubría una concavidad donde se había creído ver la convexidad. Todos los exploradores, aun antes de ver algo definido (salvo las rocas, los musgos y las algas) se sintieron presas de un indefinible terror." [The Call of Cthulhu, 1926]

octubre 04, 2009

De María para Juan Pablo

Dicen que la distancia es el olvido. Pero qué pasa cuando todo ese pasado, cuando toda esa vida y esa historia se niega a esfumarse y perderse en el viento y uno la usa, de manera práctica, en la construcción de su destino. Cuando uno escribe y vive el capítulo no creería que éste empapará de lágrimas una o muchas tardes, y que dejará sin energía y sin vida a un anhelo. Las figuras se niegan a desaparecer, los olores se quedan para (des)encantar y los sonidos son la melodía de la incertidumbre.

Después de pensarlo (y sentirlo), es posible que Ernesto Schwartz no esté tan equivocado, y todas sean el amor de tu vida, hasta que te demuestren lo contrario. (Y no al revés, buscando que en la oscuridad haya un destello que alumbre el vacío y se distingan ahora las sombras, como fieles testigos de la creación). Puede ser que sí te mire y que sólo así pueda (o sepa) pedir ayuda.

Carta de María Iribarne a Juan Pablo Castel

"He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes, también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, se que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza. El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar. ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo? Pero ahora tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. Estás quieto y un poco desconsolado, me miras como pidiendo ayuda."

-El Túnel, ES-

Mercedes Sosa

Gracias Negra, por tu tiempo, tu calidez, tu entrega, tu cariño, tu misión, tu convicción. Tu voz y tu presencia trascendieron tiempo, fronteras, idiomas, ideologías, eras, gobiernos, guerras, bienes, males, días felices y tristes, lunas llenas, nuevas y oscuras. Gracias por darle siempre alegría a nuestro corazón. Porfavor, pídele a Dios por nosotros, por que el dolor y la guerra no nos sean indiferentes. Descansa, que ahora es tu tiempo.

Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente
que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente
que no me abofeteen la otra mejilla después que una garra me arañe la suerte.
Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente
es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.
Sólo le pido a Dios que el engaño no me sea indiferente
si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
Sólo le pido a Dios que el futuro no me sea indiferente
desgraciado es el que tiene que marchar para vivir una cultura diferente.
Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente
es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.

-LG-