El primer post del año. Hasta el silencio tiene una explicación. Aún no he terminado de descifrar todo lo que sucedió mientras estuvimos rodeados de hielo, de nieve, de calor. Pompisquieau está en el límite de la cordura. Y Polonia cautivome con su fuerza. Será en breve (espero) que pueda poner en orden las imágenes, los sonidos, los olores, las palabras, los rumores.
Fabio Morábito. Estaremos leyendo mucha de su imaginación.
"... Esta vez, sin embargo, el nombre de su hijo no la tomó por sorpresa; lo esperó con ansiedad mientras oía los otros, y cuando lo escuchó, sintió que en boca de aquel analfabeto ese nombre brillaba con la intensidad de algo antiguo, liberado de toda deuda con el presente. ¿Entonces era verdad, como le habían dicho, que la muerte compone todas las costuras y completa lo que está trunco; que nadie muere en la inmadurez, porque todos los muertos son igualmente adultos, ya que vivieron, y el tiempo que duró la vida es un asunto secundario? Sólo ahora, oyendo el nombre amado en boca de aquel hombre gordo, comprendió que su hijo había vivido y que traerlo a la vida no había sido en balde, porque la luz, el calor y las palabras, experimentadas una vez, se han experimentado para siempre. Su hijo había muerto con la valija llena. Para los muertos, reunidos en algún recinto o ámbito del que nada sabemos, sólo cuenta la pérdida de la luz, del calor y de las palabras, y hasta aquéllos que sólo emitieron unos cuantos vagidos antes de morir, no son menos que los otros. Basta una sola vuelta completa de la sangre para saber todo lo que hay que saber de la vida, y su hijo, donde sea que estuviera, estaba equipado con todo lo necesario para sus quehaceres en otro dominio."
Emilio, los chistes y la muerte, 2009.
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