Sí, sí, es un cliché en el que año con año muchos caen (caemos). Pero es necesario.
Comparto lo que, para el bizarro gusto del Cardenal, son los discos favoritos de 2012 (que no del 2012, ¿o dicen "el" 1998?), además de aquéllos que merecen ser nombrados los mejores.
Sin ningún orden en particular, estos fueron los consentidos:
a) Blunderbuss - Jack White
b) Boys & Girls - Alabama Shakes
c) Given To The Wild - The Maccabees
d) Swing Lo Magellan - Dirty Projectors
e) Django Django - Django Django
f) El Objeto Antes Llamado Disco - Cafe Tacvba (sí, Café Tacvba)
g) Standing At the Sky's Edge - Richard Hawley
h) Tempest - Bob Dylan
i) El Amor Después Del Amor (20 Años Después) - Fito Páez
j) Born & Raised - John Mayer
k) Vagamundo - Tx-Mss
Distinción importante entre los favoritos, los consentidos, los que más se disfrutaron, y los que son, simplemente flawless, implacables, son cierta perfección en su diseño-ejecución-postproducción-transmisión. Sin lugar a dudas, Jack White hizo de Bluderbuss una obra maestra que va a ser recordada por muchos años, y probablemente sea en años por venir que se le reconozca como lo que es. Por mucho, es el mejor disco del año.
(Solamente por detrás del más grande, del único, el flaco, Fito Páez. En los siguientes posts buscaremos hacer una semblanza de El Amor Después Del Amor).
diciembre 12, 2012
diciembre 06, 2012
Un espacio demasiado grande
Esta vez fue bastante sorpresivo. El Cardenal apenas lo terminó y estaba ya en comunicación conmigo, pidiéndome (en una conjugación del modo subjuntivo) que lo consiguiera, leyera, disfrutara y compartiera. Es el libro que, en proporción, más marcas ha tenido en los últimos 2 o 3 años. Fue una recomendación de un encuentro fortuito, valiosísimo, del que habrá de hablarse muchos, muchos años. Todo esto - la frecuencia, la velocidad, la pasión y la necesidad de hacérnoslo saber- fue inquietante, aún para mi, que creo conocerlo de tantos años y tanas vidas ya.
En un tiempo en el que la guerra había arrebatado todo: el pasado, el presente, la historia y la esperanza, y en el que una de las pocas opciones era huir, correr, desaparecer y volver a empezar en un rincón escondido del mundo y del recuerdo (y por lo tanto, del olvido), en donde uno sólo podría abrazarse en el silencio de la incredulidad, la impaciencia y la monotonía. Europa del este, La Pampa, un poco más hacia el oeste - pero siempre al Sur. La lluvia, el viento, la noche. La sensación de vacío que a uno lo envuelve al no ver el final del horizonte. Una lengua que no parecería real, por hermosa, por lejana.
"La mujer de Strasser", de Héctor Tizón. Y los espacios que uno creía conocer sólo por Martín Fierro o los cuentos de Horacio Quiroga; los colores de una historia y un espacio de una (auto)biografía de Borges, de la mente de Bioy o, quizás, del mismo Bustos Domecq. La sensación de haberlo vivido todo tras esas fantasías y alucinaciones del Cardenal cuando habla de Las montañas, La nieve, La soledad.
La resignación, si bien es un paso necesario para poder levantar el equipaje (el poco que quede y que deba acompañarnos) y seguir, es también la antesala de ese abismo del que deberíamos intentar día tras día alejarnos, y que parecería tan adictivo. (Es definitivamente posible que los más se equivoquen).
Comparto:
- Después, al abrigo en la barraca ya estaban los tres y la anciana dijo: "No quiero tener nietos de piedra o de humo. (...) No queremos tu boca, ni tus cabellos ni tus hijos que serán como nietos de jabalíes. (...) Las otras mujeres como vos, las que no envejecen hasta la vejez, no se cuidan de no querer, porque ellas pueden. Tienen en la entrepierna el ardor del aire y la enjundia de los conejos. Las nuestras no, porque no pueden vivir pariendo más bocas que coman y por eso es que, apartados, nos encomendamos a San Atanasio y al agujero de la tierra y la sal, porque ahora sólo tenemos penitencia y cenizas; los pájaros que cazamos no caen ya en nuestras manos ni en nuestras bocas y se pierden entre las ramas y las hojas y sólo recogemos aquellos pocos y enjutos que logran colarse por entre la inquina de los dedos del Señor. Y por eso no te queremos ni queremos a ninguna del color de tus ojos que viene a comer de nuestra pobreza".
- "Hoy he visto en el espejo mi cuerpo desnudo, amortecido y abstracto; los días se suceden sin sentido, como el tenue y silencioso caer de las hojas, y sin embargo creo que nunca quise nada que no fuese vivir. Miro a lo lejos desde la ventana que da al campo abierto, a las montañas crepusculares y al cielo, hasta enajenarme. Siento zumbar la brisa y siento la lluvia y la veo caer sobre todo lo que veo y escucho mi respieración como si fuera ajena. Todo es tanto y tan poco. Un gallo canta y la luna asoma sólo porque sí. Todo se ha vuelto insoportabe, excepto las ganas de una vida".
- (...) Las lágrimas, el dolor, el miedo han creado a Dios, no el amor. El amor no necesita de nada. Así como el frío y el horror de la noche han creado al fuego; porque Dios y el fuego son la misma cosa.
En un tiempo en el que la guerra había arrebatado todo: el pasado, el presente, la historia y la esperanza, y en el que una de las pocas opciones era huir, correr, desaparecer y volver a empezar en un rincón escondido del mundo y del recuerdo (y por lo tanto, del olvido), en donde uno sólo podría abrazarse en el silencio de la incredulidad, la impaciencia y la monotonía. Europa del este, La Pampa, un poco más hacia el oeste - pero siempre al Sur. La lluvia, el viento, la noche. La sensación de vacío que a uno lo envuelve al no ver el final del horizonte. Una lengua que no parecería real, por hermosa, por lejana.
"La mujer de Strasser", de Héctor Tizón. Y los espacios que uno creía conocer sólo por Martín Fierro o los cuentos de Horacio Quiroga; los colores de una historia y un espacio de una (auto)biografía de Borges, de la mente de Bioy o, quizás, del mismo Bustos Domecq. La sensación de haberlo vivido todo tras esas fantasías y alucinaciones del Cardenal cuando habla de Las montañas, La nieve, La soledad.
La resignación, si bien es un paso necesario para poder levantar el equipaje (el poco que quede y que deba acompañarnos) y seguir, es también la antesala de ese abismo del que deberíamos intentar día tras día alejarnos, y que parecería tan adictivo. (Es definitivamente posible que los más se equivoquen).
Comparto:
- Después, al abrigo en la barraca ya estaban los tres y la anciana dijo: "No quiero tener nietos de piedra o de humo. (...) No queremos tu boca, ni tus cabellos ni tus hijos que serán como nietos de jabalíes. (...) Las otras mujeres como vos, las que no envejecen hasta la vejez, no se cuidan de no querer, porque ellas pueden. Tienen en la entrepierna el ardor del aire y la enjundia de los conejos. Las nuestras no, porque no pueden vivir pariendo más bocas que coman y por eso es que, apartados, nos encomendamos a San Atanasio y al agujero de la tierra y la sal, porque ahora sólo tenemos penitencia y cenizas; los pájaros que cazamos no caen ya en nuestras manos ni en nuestras bocas y se pierden entre las ramas y las hojas y sólo recogemos aquellos pocos y enjutos que logran colarse por entre la inquina de los dedos del Señor. Y por eso no te queremos ni queremos a ninguna del color de tus ojos que viene a comer de nuestra pobreza".
- "Hoy he visto en el espejo mi cuerpo desnudo, amortecido y abstracto; los días se suceden sin sentido, como el tenue y silencioso caer de las hojas, y sin embargo creo que nunca quise nada que no fuese vivir. Miro a lo lejos desde la ventana que da al campo abierto, a las montañas crepusculares y al cielo, hasta enajenarme. Siento zumbar la brisa y siento la lluvia y la veo caer sobre todo lo que veo y escucho mi respieración como si fuera ajena. Todo es tanto y tan poco. Un gallo canta y la luna asoma sólo porque sí. Todo se ha vuelto insoportabe, excepto las ganas de una vida".
- (...) Las lágrimas, el dolor, el miedo han creado a Dios, no el amor. El amor no necesita de nada. Así como el frío y el horror de la noche han creado al fuego; porque Dios y el fuego son la misma cosa.
diciembre 04, 2012
La edad de la punzada
Por sugerencia de uno de los GRANDES maestros cerveceros que haya existido jamás, el Maestro Rodarte (llamado también Changlae Lama, líder espiritual de los changos tibetanos, y respondiendo al pseudónimo Changx Elyseé, quizás por la sed refinada que solía tener), quien tuvo a bien sugerirlo por eventuales coincidencias con una adolescencia un tanto ambivalente, el Cardenal leyó y completamente se identifico con "La Edad de la Punzada", de Xavier Velasco, de quien se volvió un tanto fanático tras "Diablo Guardián" y "El Materialismo Histérico".
Quien no haya tenido días difíciles entre los 14 y los 16 (los más) seguramente estaría mintiendo y merecería un sape bien dado. Las primeras borracheras (ufff!); la certeza (momentánea) de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto y por las razones equivocadas; los idilios más dulces e intensos jamás imaginados; la decisión contraria como convicción; la certeza (duradera, casi eterna) de saber que has conocido a quienes serán tus compañeros de vida, tus cómplices, la familia a la que tuviste la fortuna de elegir. Uno golpea (y se golpea con todo lo que encuentra a su paso); uno diseña, pinta, vende y destruye mitología; descubre los libros sagrados y tiembla con la lírica de los que ya no son aprendices de brujo; cree enamorarse de la persona perfecta, y besa a las otras 2 o 3 o 15 o 20 que se encuentra.
El soundtrack de los libros de Xavier parezco haberlos descubierto mucho después del referente - Iggy, Bowie. Y tengo la facilidad de crear y recrear las palabras en la cabeza. Por si fuera poco, la sola mención de Poe como escenario alterno hace del ejercicio algo casi adictivo. Si bien son pocas las historias del libro con las que hubo semblanza, son muchas con las que hay simetría. Y reí, mucho, porque algunos años después uno puede seguir con las mismas preguntas, las mismas respuestas y las mismas ganas de crear, destruir y escapar. Hasta podría uno afirmar que los años no te hacen superar esa etapa y que estaremos eternamente inmersos en ella.
Fiel a la tradición, comparto un par de citas, tal como me lo pidió el Cardenal. Así como en esa edad, México vuelve a cometer el mismo error una y otra y otra vez, sin detenerse a entender la verdadera razón para hacerlo, el tamaño del daño y la alta probabilidad de no poder remediarlo.
"Siempre sentí atracción por las historias negras. Me gusta que a los héroes les vaya mal. ¿Será por eso que una parte de mí se siente heroica y se ve en el espejo con el orgullo de un brujo en la hoguera?"
"Si reuniera en un solo dolor las punzadas de cien muelas podridas, tal vez podría ir imaginándome lo que de aquí a unos meses va a pasar. Pero esas cosas no hay quien las imagine, por eso cuando pasan nadie puede creerlas. Por ahora no sé, y eso me angustia estúpidamente, las grandes cantidades de inocencia que todavía tengo que perder. Cuando lo sepa, me enteraré también que la inocencia deja a su paso huecos que la amargura invade para hacer su nido. Será por esos días que frases de este tipo - hoy me parecen cursis, pobre de quien las diga en mi presencia - me harán llorar a solas y de repente a gritos, una vez que despierte horrorizado en mi primer infierno para adultos."
Quien no haya tenido días difíciles entre los 14 y los 16 (los más) seguramente estaría mintiendo y merecería un sape bien dado. Las primeras borracheras (ufff!); la certeza (momentánea) de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto y por las razones equivocadas; los idilios más dulces e intensos jamás imaginados; la decisión contraria como convicción; la certeza (duradera, casi eterna) de saber que has conocido a quienes serán tus compañeros de vida, tus cómplices, la familia a la que tuviste la fortuna de elegir. Uno golpea (y se golpea con todo lo que encuentra a su paso); uno diseña, pinta, vende y destruye mitología; descubre los libros sagrados y tiembla con la lírica de los que ya no son aprendices de brujo; cree enamorarse de la persona perfecta, y besa a las otras 2 o 3 o 15 o 20 que se encuentra.
El soundtrack de los libros de Xavier parezco haberlos descubierto mucho después del referente - Iggy, Bowie. Y tengo la facilidad de crear y recrear las palabras en la cabeza. Por si fuera poco, la sola mención de Poe como escenario alterno hace del ejercicio algo casi adictivo. Si bien son pocas las historias del libro con las que hubo semblanza, son muchas con las que hay simetría. Y reí, mucho, porque algunos años después uno puede seguir con las mismas preguntas, las mismas respuestas y las mismas ganas de crear, destruir y escapar. Hasta podría uno afirmar que los años no te hacen superar esa etapa y que estaremos eternamente inmersos en ella.
Fiel a la tradición, comparto un par de citas, tal como me lo pidió el Cardenal. Así como en esa edad, México vuelve a cometer el mismo error una y otra y otra vez, sin detenerse a entender la verdadera razón para hacerlo, el tamaño del daño y la alta probabilidad de no poder remediarlo.
"Siempre sentí atracción por las historias negras. Me gusta que a los héroes les vaya mal. ¿Será por eso que una parte de mí se siente heroica y se ve en el espejo con el orgullo de un brujo en la hoguera?"
"Si reuniera en un solo dolor las punzadas de cien muelas podridas, tal vez podría ir imaginándome lo que de aquí a unos meses va a pasar. Pero esas cosas no hay quien las imagine, por eso cuando pasan nadie puede creerlas. Por ahora no sé, y eso me angustia estúpidamente, las grandes cantidades de inocencia que todavía tengo que perder. Cuando lo sepa, me enteraré también que la inocencia deja a su paso huecos que la amargura invade para hacer su nido. Será por esos días que frases de este tipo - hoy me parecen cursis, pobre de quien las diga en mi presencia - me harán llorar a solas y de repente a gritos, una vez que despierte horrorizado en mi primer infierno para adultos."
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